Sumario 2018

Cinemateca Solaris
8 min readJan 22, 2019
Testről és lélekről (En cuerpo y alma, 2017)

Para no perder la costumbre va el recuento del año pasado en enero siguiente.

Primero con las películas. No fue un año que me decantara por algunos realizadores en particular, aunque según me señala Letterboxd quien predominó fue Martin McDonagh. Lo último que estrenó el británico fue Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017), comedia tragicómica que tuvo éxito y relevancia el año pasado. En enero aproveché, además de ver The Room (2003) y el “backstage” recreado por James Franco, para pasar la corta e intensa filmografía de McDonagh.

Hasta entonces sólo había visto In Bruges (2007), un triller particular donde los asesinos a sueldo suelen tener más escrúpulos de los habituales. Una película que en su momento me fascinó bastante y de vez en cuando vuelvo a ver. Fue nominada al Oscar para Guión Original, aunque Martin McDonagh previamente había ganado la estatuilla por un cortometraje titulado Six Shooter (2004), comedia-drama que marcaría su estilo cinematográfico. Brendan Gleeson la protagoniza y comparte cámara con su hijo, siendo el debut de Domhnall Gleeson. Es Bastante recomendable, pero no así la posterior película Seven Psychopaths (2012) que no la encuentro a la misma altura que In Bruges (2007) a pesar de gran reparto que la compone.

Terminando la temporada de premios en donde películas como Florida Proyect (2017) dejaron buen sabor de boca. Lady Bird (2017) y The Shape of Water (2017) merecen buenos comentarios, pero venían con la expectativa bastante inflada. Un poco decepcionante para mí fue Annihilation (2018) de Alex Garland, quien me había fascinado de sobra con Ex Machina (2015) y sus otros trabajos como guionista. Argumentalmente no iba mal, aunque dependencia de los efectos especiales distraen y pierde algo la perspectiva de la película.

Pero en el apartado de lo más negativo la medalla se la reparten The Square (2017) y ¡mother (2017), filmes de los que parecen sólo hay dos opiniones. Dicho en jerga ibérica el trabajo de Ruben Östlund me pareció un tostón. No es muy claro que se quiere contar, a menos que la trama ambientada en ese museo de arte moderno sea una especie de “performance” a lo Habacuc dentro de un ámbito primer mundista. Con la película de Darren Aronofsky escuchaba de todo, pero lo que menos esperaba es que me resultara cómica. Se puede decir que es un refrito sombrío de la escena del camarote en A Night in the opera (1935) de los hermanos Marx. Decir que el protagonismo de Jennifer Lawrence ya las lleva un poco de perder conmigo desde el principio.

The Go-Getter (2007)

En mi tradicional cartelera de Semana Santa me fui más por lo conocido que por lo nuevo, que salvo por The Fugitive (1947) y Macario (1960) no me aportó gran cosa. Volví a ver Black Narcissus (1947), The Nun’s Story (1959) y la version extendida de Kingdom of Heaven (2004); las cuales hace años figuran entre mis clásicos personales.

Hablando de clásicos personales en 2018 volví a ver Lost in Translation (2003) y The Go-Getter (2007). Son películas por las que también tengo particular aprecio, aunque hacía varios años sin volver a verlas. En ambas sus protagonistas se sienten un poco como peces fuera del agua. Más o menos como yo entonces a mitad de año. Saliendo de un trabajo ocasional donde debía tragarme todo y en las vísperas a cursar por fin las clases de Desarrollo Web que terminé en diciembre pasado. Me resulta terapéutico ver a Scarlett Johansson y Bill Murray deambulando por la siempre futurista Tokio, igual que a Lou Taylor-Pucci y Zooey Deschanel volar rueda por el oeste norteamericano. Siempre tengo la tentación de abusar frecuentemente de esa medicina, pero abstengo por el miedo que se vuelvan placebos.

Me estrené con el servicio de cine en “streaming” con la plataforma de Mubi, de la cual ya había comentado anteriormente. En esos meses de suscripción destaco sobre todo los documentales. No intenso agora (2016) de Joao Moreira Salles coincidió para conmemorar el Mayo de 1968, donde más que francés fue un fenómeno global. Allende mi abuello Allende (2015) de Marcia Tambutti, nieta del estadista chileno. Estaba muy escéptico en ver qué se contaba nuevo sobre época entorno al 11/S chileno, pero me convenció. El enfoque era de Allende con su familia o su familia con Allende, como se quiera ver.

Quizá lo único negativo que veo en el documental fue la falta de tacto de la directora con su abuela Hortensia Bussi al mostrarle una foto de su esposo y su hija Beatriz, fallecida en Cuba en 1977 por un suicidio. La avanzada edad no impidió reflejar una absoluta tristeza y malestar por toparse con un recuerdo que le evocaba mucho dolor. El derechista que tengo adentro se atreve a decir que eso pasa por escarbar el pasado más de lo debido. La noble intención de hacer justicia puede que termine en oportunismo de quienes buscan vivir del resentimiento político, para maquillar carencias e incapacidades. Así sucede en España con la idea de sacar el cadáver de Franco del Valle de los Caídos. En el caso de Marcia Tambutti se debe más por inocencia que malicia, al esperar que su abuela se alegrara de ver unas fotos de Allende a punto de abrazar a su hija Beatriz. Evidentemente no fue así.

Mandy (2018)

En la segunda mitad del año siguió la tendencia variada. Comedias negras y tristes como Elvis & Nixon (2016) con unos soberbios Michael Shannon y Kevin Spacey; además de The Death of Stalin (2017) y I, Tonya (2018). Serie B que entretiene sin ser deleite culpable como Blood Father (2016) y Revenge (2017). Animé contemporáneo como Kimi no Na wa (Tu nombre, 2016) y Koe no Katachi (Una voz silenciosa, 2017). Clásicos no tan conocidos de antaño: The Red Shoes (1948) y Germania, anno zero (1948), una película de Roberto Rossellini sobre la infancia en la Alemania de la posguerra. Mandy (2018) es lo nuevo del particular de Panos Cosmatos, con un Nicholas Cage que busca resurgir de sus cenizas. Varios revisionados clásicos y comerciales, entre otras.

No podía faltar la polémica cinematográfica del año con Roma (2018). Apadrinado por Netflix, Alfonso Cuarón estrenó su película en la plataforma digital y en los cines; aún por recelo de las salas. Ambientada en un barrio urbano de la ciudad de México en la década de los setentas, Roma se enfoca en la vida de Cleo (Yalitza Aparicio) una empleada doméstica que trabaja para una familia numerosa de clase media. También se inspira mucho en la infancia del director. Con la película hay quienes buscan obtener su tesis de sociología, hilando más fino de lo habitual. Por el contrario hay otros que se sienten contrariados que un “blockbuster” de Netflix les resulte bastante aburrido y lento. “Millenials descubren el cine contemplativo”, se leería en Twitter. A mí me parece una buena película hecha deliberadamente con un enfoque modesto. Es más propia a emitirse en Mubi que en Netflix. Creo que sobran los postureos y quienes tratan saturarla de adjetivos.

El 2018 fue un año en el cual no me interesó ver muchas series. Black Mirror fue la primera que ví en su cuarta temporada (la segunda con Netflix). Ya no se percibe con el mismo impacto de sus inicios, porque el formato de seis episodios la hace ver irregular. Aún así mantiene la capacidad de generar debate sobre las implicaciones de la tecnología, hasta en sus episodios más flojos. Con Vikings le entré de lleno a sus cinco temporadas a la fecha. Las últimas serán más espectaculares en batallas e intrigas, aunque personalmente me quedo con las primeras. Me resultaba más fascinante el enfoque antropológico que mostraban, sobre todo la estrecha relación entre el guerrero pagano Ragnar (Travis Fimmel) y el monje cristiano Athelstan (George Bagden). No hay escena que tenga tanto impacto en mi como el primer encuentro entre ambos personajes.

The Terror (2018)

The Terror (AMC, 2018) fue la mejor serie que vi en el año. Pese a fracasar al leer la extensa novela en la que se inspira la serie que protagonizan Jared Harris, Tobias Menzies y Ciaran Hinds me mantuvo expectante. Siempre he tenido fascinación por esas historias al límite donde hombres pagan la consecuencia de su temeraridad al tratar de no sucumbir al ambiente y a ellos mismos. Buena producción de época. Además que no cualquier serie tiene personajes secundarios con tantos matices.

Mr Robot (USA Networw, 2015- ) la vi sólo en su primera temporada más el capítulo de estreno de la siguiente. Por un lado logra enganchar ese entorno paranoico alrededor de su protagonista (genial Rami Malek). Sin embargo, me choca un poco que ese afán de crítica al sistema resulte en berrinche disque anarquista de niñatos aventajados que fracasaron dentro del capitalismo; como pasa en el personaje de Tyrell Wellick (Martin Wallström). No descarto volver a retomarla, porque a pesar que no comulgo mucho con la mentalidad subversiva de sus protagonistas el personaje de Eliott es por sí solo fascinante.

Si hay algo que me lamento de éste año fue relegar considerablemente a los libros. Dentro de lo que leí fue muy forzado en su mayoría, abandonando textos bastante avanzados. No incluiría a 2018 como uno de los años donde más disfruté y aproveché la lectura. Ya detallé anteriormente lo poco que leí en la primera y segunda mitad del año. Por eso la intención de acortar éste párrafo.

Resumen

PELÍCULAS

Destacadas:
Testről és lélekről (En cuerpo y alma, 2017)
Six Shooter (2004)
Isle of Dogs (2018)
No intenso agora (El intenso ahora, 2017)
The Death of Stalin (2017)
Your Name (2016)
Mandy (2018)
Los Paraísos Perdidos (1985)
Dancer in the Dark (2000)
The Red Shoes (1948)
Germania, anno zero (1948)
First Reformed (2017)

Menciones:
Clouds of Sils Maria (2014)
Thelma (2017)
Roma (2018)

Decepciones: Mother! (2017) y The Square (2017)

LIBROS

Destacado:
Cuentos de Angustias y Paisajes — Carlos Salazar Herrera
El sexo inútil — Oriana Fallaci
Muerte en Persia — Annemarie Schwarzenbach
La Corresponsal — Cristina de Steffano
Monasterio — Eduardo Halfon

Decepción: La Librería — Penelope Fitzgerald

SERIES

Destacada: The Terror (AMC, 2018)

Decepción: House of Cards, temporada 6 y final (Netflix, 2013–18)

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